(27 de julio de 2008)
El padre Peter Hinde de la orden de los Carmelitas Descalzos, participó junto a cientos de paseños, religiosos, sacerdotes y consagradas mujeres en una misa por la paz y la reconciliación.
La ceremonia se realiza cada año en Estados Unidos, Japón y otras partes del planeta, en recuerdo a las víctimas del bombardeo atómico a Hiroshima y Nagasaki que, en agosto de este año, llegará a su aniversario 63.
Patrocinada por “Pax Christi, El Paso”, la celebración registró un auditorio lleno, en la iglesia católica San Thomas Aquinas, ubicada en el 10970 del paseo Bywood, en la zona Este de la ciudad.
Hinde, no deja de participar en este tipo de actividades. Y es que su vida cambió después de la Segunda Guerra Mundial.
Transcurridos 14 años conoció a un sacerdote japonés con quien platicó sobre el significado de las palabras arrepentimiento, perdón y paz.
“Un hombre a quien por cuestiones del destino jamás he vuelto a ver, pero que marcó muy hondo mi corazón”, dijo el religioso.
Hinde, era un joven cuando se incorporó a la armada estadounidense y en su afán de servir a la patria se hizo piloto con una pasión desenfrenada por cumplir con el deber.
Conoció la pólvora, su olor penetrante y devorador de vidas. Fue así como el 12 de agosto de 1945 sobrevoló lo que fuera la ciudad japonesa de Nagasaki.
“Era un panorama desolador lo que se veía desde el aire, vi dónde estaba la ciudad”, dijo con respiración entrecortada.
“Yo no participé en los bombardeos, sólo iba en una misión de reconocimiento tres días después de los sucesos de Nagasaki, algo que no puedo borrar de mi memoria”, comentó.
Según Hinde, fue “una pieza dentro de toda la maquinaria de guerra como cualquier soldado”.
Estados Unidos lanzó la bomba atómica sobre dos ciudades japonesas en agosto de 1945. En pocos segundos, ambas urbes quedaron devastadas.
Se calcula que en Hiroshima, la bomba mató a más de 120 mil personas e hirió 70 mil más, de una población total de 450 mil habitantes.
En Nagasaki el número de víctimas se estima en 50 mil mortales y 30 mil heridos de una cantidad de 195 mil habitantes.
A estos sacrificados hay que sumar los afectados por los efectos de la radiación nuclear que de 645 mil habitantes, sobrepasó las 500 mil; de ellas, 250 mil mortales.
Cuenta que antes de regresar a América pudo conversar con varios integrantes de las familias afectadas “me abatió en el sentido emocional y espiritual, creo que aún no me recupero”.
“El daño causado no será saldado jamás, cuando nos reunimos en Japón para realizar una misa de reconciliación en 1959, nos congregamos con cierto remordimiento de ambas partes por las atrocidades cometidas”, puntualizó.
Y añadió: “Desde entonces me prometí a mí mismo ser un militante por la paz”.
Durante los últimos 42 años, el ordenado en los Carmelitas Descalzos, se desempeña en labores de solidaridad con América Latina, según apuntó “realizando labores de evangelización dentro de los Estados Unidos, tanto en comunidades como a nivel de gobierno, para cambiar la política exterior del país”.
En la celebración religiosa de ayer, los presentes intercedieron por el descanso en paz de las víctimas de la Segunda Guerra Mundial, la armonía en el planeta y el cese de la guerra en Irak.
También se rezó por los más de cien mil civiles iraquíes fallecidos, en el actual conflicto bélico, y por los más de 4 mil 300 estadounidenses inmolados en “una guerra injusta e inmoral”.
“Los gobiernos se enfrentan y luchan por cuestiones políticas, económicas y otros diversos factores, pero no hay razón alguna para que la población civil pague las consecuencias de estos actos, de estos enfrentamientos”, mencionó el religioso.
“Son varios los motivos, pero ninguno justifica la guerra, nuestra misión ante Dios es de paz y amor”, concluyó.
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