(27 de noviembre de 2008)
Alrededor de mil 250 personas necesitadas disfrutaron de una comida especial, ofrecida ayer en la mañana, en el gimnasio de la iglesia Sagrado Corazón, como parte de las acciones de esa comunidad religiosa para celebrar el Thanksgiving Day o Día de acción de gracias.
“Tuvimos que comenzar una hora antes, estoy sorprendido de la cantidad de personas que han venido esta vez, la línea ha sido continua”, dijo el padre ‘Eddie’, sacerdote de la referida institución.
Y es que, mucho antes de abrir las puertas, a las 10:00 AM, ya habían cientos de comensales esperando en una larga hilera desafiando la llovizna a intervalos y el clima propio de esta época del año.
Según el sacerdote, el año anterior asistieron a cerca de ochocientas personas, por lo que los registros de la actual temporada superaron las expectativas.
El religioso también comentó: “Es una buena acción que hacemos desde hace 20 años, para dar de comer a los que tienen hambre, la gente sabe que aquí puede venir a comer, ayudarlos me hace sentir realizado como persona y como sacerdote, me hace sentir en casa”.
Dentro de los convidados se encontraba niños, mujeres, hombres y personas de la tercera edad, tanto de bajos ingresos económicos como de los llamados homeless, incluso asistieron algunos transeúntes procedentes del otro lado de la frontera.
“Nosotros venimos desde Juárez todos los años aquí a la iglesia a recibir nuestros platillos, y siempre lo hemos agradecido”, declaró Rosalío Torres de 62 años, quien se hacía acompañar de su esposa, una mujer invidente en silla de ruedas.
Por su parte, Manuela Montelongo, de 83 años, puntualizó: “Yo soy sola, no tenía donde ir a comer o como preparar una cena con pavo, por eso me vine hasta aquí, porque me tratan bien y puedo compartir con otras personas”.
Entre los asistentes también se encontraban quienes participaban por primera vez en este tipo de agasajo.
“Ha sido una experiencia nueva para mí, algo muy agradable tanto por la calidad de la comida como por el servicio recibido, además no tenía con quien reunirme y aquí estoy compartiendo con buenas personas”, precisó Miriam Vázquez, de 59 años.
En esta comida participaron cerca de 120 voluntarios, tanto de la comunidad religiosa como estudiantes de UTEP, quienes estuvieron cerca de una semana ocupados en los preparativos y en recibir asesoramiento sobre como tratar a los invitados.
“Soy feliz cuando veo el rostro agradecido de la gente porque muchos de nosotros tenemos comida pero ellos no, y es una bendición compartir lo que tenemos ahora que vivimos un tiempo difícil desde el punto de vista económico” explicó emocionada Lisa Soto Hernández, una de las ayudantes.
Acciones similares a estas emprendieron colectividades religiosas de otras denominaciones. Se les vio repartir comestibles en algunas calles de la zona centro de la ciudad.
“Es la primera vez que hacemos esto, estábamos en un convivio y pedimos platos para repartir y compartir lo que Dios nos ha suplido con los que más necesitan”, manifestó César Mata, de la congregación Rosa de Sharon.
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