(8 de marzo de 2008)
Carmel Ramos es de las mujeres que le sonríen a la vida. Es de esos seres que conocen el tributo del rigor y la constancia. Su rostro, bien pudiera confundirse con el de cientos de sus congéneres, que día tras día hacen historia en esta frontera. Su celebridad es la sencillez. Por eso es grande de espíritu, y libre como sus sueños.
Cuenta que nació del lado americano “en Roswell, Nuevo México”. Sus padres “vinieron de Ciudad Juárez para labrar la tierra” y arrancarle un pedazo de pan. “Regresaron allá junto a otros campesinos por problemas migratorios”.
“A los 19 me vine a trabajar en una fábrica de costuras… Allí estuve hasta los 24 años cuando la cerraron por el Tratado de Libre Comercio”, dijo.
Esta mujer recuerda el aire del desierto, la voz del silencio, los desvelos… y lo que significa ser desempleada.
“Eso es algo muy triste, solo lo sabe quien lo ha vivido… Pero a mi, nada me detiene… Me hablaron del programa NASTA y me incorporé a el… Recibían a todos los desplazados… los que no teníamos empleo o que nos movíamos de un lado a otro buscando el sustento… Allí saqué mi GED”, comentó.
Ramos, supo lo difícil que resulta no hablar ingles, por eso ingresó al Community College y cursó hasta el nivel cinco.
“Me quedé para agarrar más básicos y hacer una carrera… Así me fui superando… Trabajé en el mismo colegio… Fui al Centro de Salud ‘BuenVivir’ y daba mi aporte en un programa para las personas de la tercera edad”, precisó.
La vida le dio la dicha de ser madre. La pequeña Cynthia, endulzó sus pesares y le lleno de una responsabilidad un tanto sublime. Compartió sus deberes de mamá con los estudios, el trabajo… la familia.
“Adquirí el certificado de Asociada en Educación… Recuerdo que en mi último semestre del colegio comencé a trabajar como maestra de GED… Cuando eso la niña tenia dos años”, detalló.
Para Carmel, esta fue una experiencia reconfortante. Por esas coincidencias del destino, comenzó a dar clases a personas sin empleo.
“Muchos venían de una fábrica de pantalones que habían cerrado… Ya yo sabía lo que era eso, me sentía muy cercana a esas personas… era como ayudarme a mi misma… o tratar de alivianar sus problemas”, precisó.
Esta mujer, supo que el esfuerzo tiene su recompensa, que los obstáculos son metas y que siempre hay una luz en el camino.
“Soy feliz porque pude traer a mi papá conmigo… ahora vivimos juntos… sigue labrado la tierra… esa es su alegría y la mía también…” comentó Carmel, con una sonrisa amplia y profunda.
“Mi familia me apoya, el padre de la niña me ayuda muchísimo… Soy feliz porque estudio para maestra de secundaria y preparatoria en UTEP… sigo dando clases… y mi Cynthia es un regalo del cielo… ¿Qué más puedo pedir?”.
Carmel Ramos pudo llamarse Guadalupe, Maria, Concepción, Socorro; pero su nombre es MUJER: Una especie de ángel, que en pleno siglo XXI, para suerte del mundo, reparte las flores que lleva en el alma.
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