(3 de mayo de 2008)
Durante 16 años Guadalupe (como prefirió ser reconocida por seguridad) le ha preparado el café a Arturo, el hombre con quien unió su vida para siempre, "tanto en las buenas como en las malas". Así le enseñaron, "lo que Dios unió no lo separe el hombre".
Para esta mujer los amaneceres tuvieron un olor característico, a tortillas y chile; a música y sueños. Tradiciones que trajo consigo desde México hace ya siete años.
Vino atravesando el desierto, escoltada por el aire árido y los animales salvajes. Llegar a Estados Unidos, no sólo fue alcanzar una meta, "era la oportunidad de ofrecerle una vida mejor" a sus dos hijos, Carlos y Guadalupe.
Junto a su familia se asentó en casa de unos amigos en Las Cruces, Nuevo Mexico, y a la semana, tanto ella como su esposo, comenzaron a ganarse el sustento. Gracias al trabajo lograron independizarse y comenzar una nueva vida.
"Arturo se puso a trabajar en la construcción y yo limpiando dos casas a la semana. Así alcanzábamos lo imprescindible para vivir y ayudar a prosperar a la familia", dijo la mujer, con una arraigada nostalgia.
De forma similar llegan cada año cientos de mexicanos a territorio estadounidense, la mayoría de ellos se pasan varios lustros sin poder legalizar su estatus migratorio.
No obstante las redadas antiinmigrantes y demás operativos implementados como el "No Pase", los ciudadanos mexicanos continúan en sus intentos de llegar a territorio estadounidense. La situación no es sólo un problema histórico sino también cultural.
"Aquí hay trabajo y dinero, nosotros hacemos las labores que muchos de los 'gringos' no quieren hacer. Aquí ganamos todos, tanto ellos como nosotros", dijo Guadalupe.
La humildad tampoco fue un obstáculo para que esta mujer y su familia siguieran adelante, fueron llenando sus mañanas de júbilo. De este lado de la frontera vieron crecer a sus hijos y disfrutaron la llegada de George, el más pequeño, y de nacionalidad estadounidense.
Las autoridades mexicanas se han dado a la tarea de orientar a sus connacionales, para en cierta medida aliviar las situaciones diversas y complejas por las que atraviesa a diario su gente.
Una muestra de ello, es el seminario impartido ayer en la sede de la Asociación de Comunidades Organizadas para una Reforma Ahora (ACORN, por sus siglas en inglés) en Las Cruces, a la que "por razones de seguridad no se permitió el acceso de los medios de comunicación, para que los indocumentados no corrieran riesgos innecesarios", según declaraciones de Yolanda Peña, directiva de la organización.
"El propósito de esta conferencia ha sido orientar a los mexicanos de nuestra circunscripción y que no cuentan con documentos legales acerca de cómo proceder en determinadas situaciones. Hay ciertos derechos que en muchas ocasiones por desconocimiento nuestros connacionales no hacen valer", dijo Roberto Rodríguez Hernández, cónsul General de México en El Paso.
Agregó que no estimulan la inmigración ilegal, pero si desean orientar a quienes ya se encuentran trabajando aquí, para que conozcan cómo proceder desde el punto de vista legal.
En Nuevo Mexico son conocidas las redadas antiinmigrantes y sus consecuencias para los indocumentados. Ocurren en ocasiones de manera no oficial, en operativos o rondines ordinarios de la Policía.
Guadalupe y su familia fueron víctimas de una de estas arbitrariedades el pasado lunes 28 de abril.
"Arturo y yo veníamos de una cita que habían tenido los niños con el doctor, y pasamos por un Family Dollar, lavamos nuestras ropas y al salir estaba la Policía", narró la mujer entre lágrimas.
Según Guadalupe, luego de conducir su camioneta varias cuadras a la velocidad establecida la patrulla comenzó a seguirlos.
"No hicimos nada mal, la velocidad era la correcta y el carro de la Policía seguía detrás de nosotros", añadió.
"Mi esposo se puso nervioso pues el no traía sus papeles", dijo, "y para evitar cualquier problema detuvo la marcha para dejar que el patrullero siguiera".
De acuerdo a las declaraciones de la mujer, el agente de la Policía estacionó su auto detrás de ellos y procedió a pedir sus documentos argumentando que "la placa estaba vencida".
La inmigrante agregó: "Nosotros teníamos todo en orden, licencia, propiedad, seguro, ¿y la placa?, se vence el 8 de junio".
Según versiones de la afectada el uniformado hizo una llamada y los obligó a estar en el lugar cerca de 35 minutos sin justificación alguna. Luego de ese lapso llegó la Patrulla Fronteriza.
Entre el llanto de sus hijos y la burla de los agentes de Inmigración, Guadalupe vio derrumbarse los sueños y el esfuerzo de tantos años.
"El de la 'migra' me dijo, no te apures, ahorita te habla de Juárez, se comenzó a reír, miró a los niños y luego me volvió a mirar a mi", narró entre llanto la mujer.
Desde ese día Guadalupe no ve a su esposo, "se encuentra recluido en Doña Ana, en espera de ser deportado de por vida, el próximo 8 de mayo".
El viernes 2 de mayo le informaron a Guadalupe que, "aunque su esposo no tiene derecho a un abogado, hubiera salido con sólo pagar 700 dólares de fianza, antes de presentarse en la Corte".
Hoy a Guadalupe el café no le sabe igual, los amaneceres se le han convertido en noches y el desierto vuelve a escoltar sus días con el aire árido y los animales salvajes.
"Pienso luchar por mi esposo y mis hijos, alguna solución vendrá, algo, una ley que entienda que las fronteras son una maldición creada por el hombre", expresó.
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