(15 de marzo de 2008)
El Centro Mujeres de la Esperanza dedicado a ayudar a las féminas de esta frontera ha atendido, en promedio, el doble de casos en lo que va del 2008, en comparación con un periodo igual del 2007, según los informes proporcionados por sus directivos.
En los dos meses y medio que han transcurrido del presente año la institución recibió un promedio de 9 mujeres por día, casi el doble de las beneficiadas diariamente en el 2007, en el que llegó a una cifra de 5 diarias.
“Hay muchas mujeres necesitadas que no conocen nuestro programa, una cantidad significativa, de ellas, están sin papeles, otras, son víctimas de la violencia intrafamiliar o tienen la autoestima muy baja, todas, pueden encontrar en nosotros una oportunidad de ayuda, de crecimiento espiritual, de dignificarse como mujer”, dijo Maureen Jerkowski, directora de la entidad.
Durante el año 2007, más de dos mil personas del sexo femenino, entre ellas, refugiadas, indocumentadas, abuelas, jovencitas y madres (en su mayoría cabezas de familia), recibieron los servicios de ayuda del Centro Mujeres de la Esperanza.
Se estima que al cierre del 2008, la institución que, también se ocupa de socorrer a las necesitadas de todo el Estado de Texas, el sur de Nuevo Mexico, Ciudad Juárez y Chihuahua, duplique la cifra de favorecidas.
La religiosa, perteneciente a la Orden Hermanas de San Francisco, explicó que el Centro es una comunidad multicultural y espiritual de mujeres, unidas para expresar sus realidades y compartir estas verdades a nivel local, nacional e internacional para así poder transformar las estructuras que oprimen a la mujer o limitan su progreso.
Asimismo, detalló que cuentan con diferentes programas de crecimiento personal y desarrollo de habilidades donde las féminas aprenden computación, educación financiera, arreglos florales, inglés, yoga, solución de conflictos y también reciben clases de ciudadanía.
“Para mí ha sido una experiencia estupenda, he aprendido que en la vida todo se puede. Ahora sé apreciar los valores que tengo como mujer y eso me hace seguir adelante. Allí estoy junto a jovencitas y jovencita me siento”, dijo Matilde Colunga, una mexicana de 73 años, residente en la ciudad de El Paso.
Comentó, que vino de Monterrey, Nuevo León cuando tenía 16 años de edad y “como mi padre había fallecido, no pude estudiar… Por eso, me incorporé al centro; aquí las hermanas nos han ofrecido mucho, con hospitalidad y amor… Ahora ya sé hablar inglés y puedo comunicarme con mis nietos, algo que antes no podía hacer”.
Maureen Jerkowski, en tanto, concedió importancia especial al trabajo que desempeña el grupo de apoyo a mujeres que han sufrido maltratos domésticos, una labor que ha llegado a comunidades y colonias distantes de la sede, “pues en ocasiones por el estatus migratorio de ellas o de algún integrante de la familia no acuden a buscar asistencia”.
El Centro de Mujeres de la Esperanza se sostiene de donaciones y subvenciones procedentes de diversas fundaciones e instituciones dispuestas a cooperar, según los datos suministrados.
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